Democracia radical (I)

por Yosvani

Si buscamos el significado de una palabra en un diccionario, este nos refiere a otras palabras. Si buscamos el significado de las palabras referidas, el diccionario nos refiere a más palabras. Este es uno de los significados de la “différance,” un término inventado por el filósofo y lingüista francés  Jacques Derrida que significa a la vez diferencia y deferencia. El ejemplo que aquí uso se refiere al segundo de estos significados. Para Derrida, y yo estoy de acuerdo, esto quería decir que un texto puede tener una infinidad de interpretaciones, todas correctas. Es como un juego perverso que nos lleva a una búsqueda infinita de palabras. En política ocurre algo similar.

 

En una democracia representativa como la de EEUU, donde además de leyes federales existen también leyes a nivel de estado, condado, ciudad, etc., tal parece que las leyes y estatutos legales conducen a más leyes y estatus en un juego perverso que no tiene fin. Los representantes electos y demás funcionarios públicos que conforman la gran burocracia del gobierno son profesionales de este frustrante juego con la responsabilidad de entenderlo y a la vez viven atrapados en el mismo, como el resto de nosotros lo está en las palabras. Esto es muy confuso y tan solo el intento de tratar de explicarlo me provoca dolor de cabeza. Es de entender que la mayoría del electorado se sienta de modo similar con este juego de la política y, lo que es peor, culpe a los políticos de ello y cómo no hacerlo ante el interminable laberinto legal que se erige ante nosotros como una biblioteca de Babel.

 

Ante tanta confusión es entendible que cautive un candidato que prometa poner fin al macabro juego y a los políticos, cual si fueran ratas. Pero no estamos en Hamelín y no hay flauta encantada. Quién se haga pasar de flautista no es mas que un farsante y quién le crea no busca mas que transferir su responsabilidad ciudadana a un imitador de príncipe azul (naranja en nuestro caso). La única solución posible es la democracia radical.

 

Para evitar las trampas de la política no solo es importante que todos participemos de la misma. Es también fundamental (he ahí lo de radical) que la democracia se extienda a todas las áreas de la vida pública.  (continuará)