Políticamente correcto: en defensa de la decencia en los espacios públicos.

por Yosvani

 

La crítica negativa a eso que algunos llaman el discurso políticamente correcto no es un fenómeno nuevo pero sí algo que se manifiesta más abiertamente en la era Trump. El argumento va más o menos así: “yo tengo el derecho de llamar a las cosas por su nombre, al pan, pan y al vino, vino y si te ofendes, pues es tú problema y cualquier intento que hagas de denunciar mi derecho a expresarme como me venga en gana es una flojera e hipocresía tuya.” Pero realmente lo que pide el que aboga en contra de la corrección política es el derecho a usar un lenguaje incendiario, un lenguaje ofensivo y que este sea tolerado como algo normal. Evidentemente, lo que ocurre entonces es que nos gritamos ofensas de un lado a otro y desaparece el civismo dentro del espacio público, lo que hace imposible tener un intercambio de ideas que pueda generar algún tipo de consenso. Pero también ocurre algo interesante y es que, esos que atacan el uso de un discurso políticamente correcto se ofenden y exigen que se les trate con respeto cuando se vira la tortilla. Es decir, alguien que se refiere a los migrantes latinos como ilegales, a los negros como delincuentes y a los que llevan una vida sexual y de pareja fuera de las llamadas normas convencionales como depravados se siente ofendido y exige que se le trate con respeto cuando es acusado de racista, homofóbico o de practicar un conservadurismo cavernario. Acaso, ¿no sería más fácil tratarnos con respeto desde el principio y evitar todo este drama innecesario? Si usted necesita ofender para expresar su opinión y no lo puede hacer dentro de los márgenes de la decencia, usted no es ni honesto, ni alguien que llama a las cosas por su nombre, sino un reverendo gilipollas que merece ser tratado con el mismo respeto con que usted trata a los demás, cero respeto. Pero no es mi propósito ofender ni ser ofendido, así que prometo no llamarle gilipollas, ni fascista, ni mucho menos racista de mierda y sí intentar siempre mantenerme dentro de los márgenes de la decencia y así hacer de mi parte para que el espacio público sea uno de civismo. Te invito a que lo intentes.